Isabella abrió la boca y permitió que la lengua húmeda de Salvatore entrara en su boca.
—Eres demasiado sexy para tu propio bien —musitó él separándose. Pero no se mantuvo lejos por mucho tiempo. Bajó por su mentón hacia su cuello y luego a su pecho depositando besos mientras sus manos se encargaban de quitar las cobijas que la cubrían.
Salvatore se detuvo sobre sus senos. Metió las manos detrás de su espalda y de desabrochó el corpiño, luego se lo retiró y lo lanzó. Sus manos se apoderaron de