—¿Acaso hay alguien que no te conozca? —preguntó Isabella tomando su abrigo del respaldar de su sillón.
—Tú no lo hacías la primera noche que nos vimos. Eso fue… desconcertante, pero también se sintió bien.
Isabella asintió como si entendiera a lo que se refería.
La fama nunca había estado en sus planes. Su único sueño fue tener todo lo que le había faltado mientras crecía. Un techo sobre su cabeza todas las noches, tres comidas al día y no vivir preocupado por el día siguiente.
Su madre era ca