—Pero, mi amor —pronunció Isabella cuando sus labios finalmente se separaron, dejando un rastro de aliento cálido entre ambos—, eso fue tiempo atrás. Mucho tiempo antes de pensar siquiera en trabajar en la cafetería donde me conociste. No puedes torturarte pensando en un pasado al cual tú ni siquiera pertenecías.
Leo la miró con una mezcla de adoración y una posesividad que no intentaba ocultar. Sus ojos verdes, usualmente calculadores y fríos para los negocios, estaban encendidos por una chisp