Por eso llevaba tres días más distraído de lo normal. Había prometido no decirle a nadie lo de la enfermedad de su padre. Eso se quedaría como un secreto de familia, algo entre ellos tres, hasta que tuviera una respuesta clara sobre qué iba a suceder con Leonard. Incluso a los padres de Leroy, que eran sus tíos, no les comentaría nada hasta asegurarse de haber agotado todas las alternativas médicas.
Su teléfono sonó sobre la mesa. Vio la pantalla y se dio cuenta de que era su primo. No deseaba