—Nadie lo sabe, es parte del acuerdo. Yo… ¡Ay, no! Si él se entera, dirá que fui yo quien lo contó. Pensará que le mentí de nuevo —Isabella sintió pánico. Si a la primera, de manera injustificada, Leo la había obligado prácticamente a casarse con él por una deuda de 5 millones de euros, ¿qué haría si pensaba que le había fallado a su pacto de silencio?
—Mis labios están sellados, te lo prometo. Vine porque creo que necesitas ayuda. Odio que los hombres hagan lo que ellos quieran con nosotras. L