El beso de Leo Peterson era carnal y dominante. Sus labios eran firmes, pero con una suavidad inesperada. Isabella disfrutó de su calor, entreabriendo la boca para permitir que la lengua de él explorara la suya. Se sentía derretir. Envolvió el cuello de Leo con sus brazos y se estrechó contra él tanto como su embarazo se lo permitía. Él puso las manos en su cintura, pegándola a su cuerpo como si quisiera fundirla con él. Jamás la habían besado así. Ni siquiera Richard, el padre de su hijo, la h