Isabella Rich no recordaba la última vez que se había sentido verdaderamente relajada. Desde que el médico confirmó su embarazo y, casi en paralelo, su padre le cerró las puertas de la mansión familiar, el estrés se había convertido en su sombra. Ahora, sentada en el borde de una cama de metal que chirriaba con cada uno de sus movimientos, no comprendía cómo había terminado aceptando un almuerzo con Leo Peterson.
Se ponía enferma de solo pensar en que tenía que buscar qué ponerse para ir a verl