Una semana completa había transcurrido desde aquella fatídica noche en que el mundo se tiñó de rojo y pólvora. Siete días eternos que habían transformado la realidad de Isabella Rich en una marcha lenta, pesada y silenciosa. El funeral de Alegra ya había pasado, y sus padres, Charles y Lydia, se habían instalado de vuelta en su propia casa para intentar, dentro de lo humanamente posible, procesar el duelo desgarrador de haber enterrado a su hija mayor. Se habían llevado con ellos al pequeño Ant