El trayecto de regreso al hospital fue un viaje sumamente silencioso y amargo. Clark manejaba el coche con la vista fija en el asfalto, manteniendo una discreción absoluta que Isabella agradeció en el fondo de su alma. Ella iba en el asiento del copiloto, con la frente apoyada contra el cristal frío de la ventanilla, viendo pasar los edificios de la ciudad como ráfagas borrosas. Las palabras de Leo seguían resonando en sus oídos, frías y certeras: "Eso no se borra con un 'lo siento'".
Cuando ll