Arianna
Me desperté con una extraña pesadez en las extremidades, el cuello rígido y los brazos doloridos. Por un segundo, ni siquiera supe dónde estaba... hasta que el mordisco frío del suelo bajo mi cadera me lo recordó. Parpadeé, viendo la habitación borrosa a media luz.
El vestido... Dios, el vestido. Capas y capas de tela que sentía como si me estuvieran aplastando contra el suelo, triturándome las costillas y haciendo que fuera casi imposible respirar.
Me había quedado dormida llorando. Lo