Arianna
Me estremecí ante sus palabras y volví a apoyar la mano en la puerta para sostenerme. La madera blanca estaba manchada de rojo, y ambos lo notamos. Él cubrió mi mano manchada con la suya, se retiró un poco de mi interior y luego volvió a empujar hacia adentro. Ahogué un jadeo ante el nuevo movimiento y él lo repitió.
—Estás muy estrecha, puta, pero te voy a abrir. Voy a abrir este bonito coño para mí, para moldearlo a mi verga, para que nunca desees a otro, porque sabes que nadie más te