Arianna
—Eres una serpiente venenosa, una cobra que hipnotiza —dijo él.
Sonreí ante su respuesta y le respondí con un beso profundo.
—Los pantalones, fuera —repetí.
De una patada, se quitó los zapatos y levantó las caderas para terminar de despojarse de sus pantalones y calzoncillos, dejándonos a ambos en igualdad de condiciones, completamente desnudos.
Se inclinó un poco hacia atrás, apoyándose en sus manos, y su mirada barrió mi cuerpo, deteniéndose en la unión de nuestros cuerpos, observando