Arianna
Marco retiró la mano como si mi tacto lo hubiera quemado y se giró para mirar a Enzo. Ambos habíamos estado tan absortos en nuestra conversación que ninguno escuchó abrirse el ascensor.
—Señor, disculpe, pensé que regresaría mañana —tartamudeó Marco, y yo hice una mueca. Eso solo empeoraba las cosas.
Enzo se había ausentado durante cuatro días. Nunca sabía a dónde iba ni qué hacía cuando desaparecía. Solo me enteraba por medio de Marco cuando me atrevía a preguntar, tras notar que Enzo