Arianna
La rabia seguía ardiendo en mi pecho, a pesar de que habían pasado horas desde nuestra pelea. Me había quedado acurrucada en la cama, mirando al techo, consumiéndome en la ira y la frustración hasta que sentí que se convertían en veneno corriendo por mis venas.
Era injusto. Enzo podía desaparecer durante días sin dar explicaciones, haciendo Dios sabe qué con Dios sabe quién, y nadie lo cuestionaba. Pero yo... yo estaba encerrada en esta prisión de oro, vigilada, aislada, y cada intento