—Silvina... ¿ustedes van a ir a la ciudad en un rato, verdad? —preguntó el Señor Torres con cautela.
—Sí —respondió Silvina—. Vinimos con tanta gente que en casa no hay suficiente espacio. Así que esta noche nos quedaremos en un hotel del centro.
—¿Y podrías llevarme contigo? —Los ojos del Señor Torres se iluminaron con expectativa—. A esta hora ya no hay autobuses que vayan a la ciudad, así que pensé que...
Silvina se echó a reír.
—¡Claro que sí, papá! Avísale a mamá también. Vengan con nosotr