Silvina iba sentada en el coche, y desde que entraron al pueblo, no pudo evitar ponerse nerviosa.
¿Estaría bien su madre en estos días?
Cada vez que hablaban por teléfono, su mamá siempre le decía solo lo bueno y ocultaba lo malo.
Silvina solo podría estar verdaderamente tranquila cuando viera con sus propios ojos que su madre estaba bien.
Leonel, con sus ojos entrecerrados y expresión indescifrable, la observaba de reojo mientras ella mostraba una evidente inquietud.
Tomás, al volante, seguía