Silvina se había cambiado de ropa y, con el bolso que su asistente le había combinado, salió por la puerta principal justo cuando vio llegar lentamente el coche de Leonel.
Leonel giró la cabeza y le dedicó una sonrisa suave.
El mayordomo abrió la puerta del automóvil con respeto, y Silvina subió después de agradecerle en voz baja.
¡Un Pagani Zonda Cinque Roadster! Solo existían cinco en todo el mundo... ¡y Leonel tenía uno!
Una chispa de asombro brilló en los ojos de Silvina.
—¿Te gustan los au