Leonel empujó a Rosa con fuerza, su mirada era tan oscura como una tormenta contenida.
—¿Qué pasa? ¿Milán ya no es suficiente para ti? ¿Y decidiste regresar?
Rosa se lanzó sobre él, intentando abrazarlo, pero Leonel la apartó sin piedad.
—¡Leonel, me equivoqué! ¡De verdad, cometí un error y lo sé! ¡No quiero ir a Milán, no quiero ser modelo, quiero casarme contigo, quiero darte hijos! —balbuceó Rosa, desbordada de emociones, con los ojos fijos en su rostro—. ¡Silvina solo fue un regalo que te h