—¿¡Qué haces aquí!? ¡Esto es la cocina! ¡Hay mucha gente alrededor! —Silvina murmuró entre dientes, con el rostro completamente rojo de vergüenza.
—Vine a ver cómo va lo que prepara mi esposa —susurró Leonel al oído de Silvina con esa voz grave y envolvente que parecía llevar consigo una corriente eléctrica. El aliento cálido le rozó la oreja, y una descarga le recorrió la espalda. Todo su cuerpo se tensó como si la hubieran atrapado con un rayo.
Justo cuando Silvina intentaba apartarse de él,