En cuanto Tania se marchó, Silvina habló sin rodeos:
—Ya tengo suficiente dinero. Te devolveré el tuyo cuanto antes…
Simón frunció el ceño con fuerza y la interrumpió enseguida:
—Te di ese dinero sin ningún otro propósito, Silvina. Y… lo siento por aquel día. A veces, realmente no puedo distinguir entre tú y Susana…
Silvina sonrió y asintió levemente, pero eso solo hizo que a Simón le costara más continuar.
—Ya sé lo que pasó entre tú y Susana —dijo ella con calma mientras le servía agua—. Al fi