Silvina escuchó los murmullos venenosos a su alrededor y sintió de inmediato el peso de una hostilidad colectiva.
Aquel grupo de desconocidos la observaba con la misma crueldad con la que se estudia una presa débil.
Esa tarde había elegido ropa sencilla y cómoda: un conjunto de una pequeña marca artesanal y un bolso hecho a mano que había comprado en línea porque le pareció bonito. Todo su atuendo no superaba unos pocos miles de dólares, una nimiedad comparada con los trajes y joyas de quienes