Silvina había dormido profundamente, como no lo hacía desde hacía mucho tiempo.
Cuando despertó, todavía medio adormecida, bajó la mirada y vio a los dos jóvenes masajistas trabajando con paciencia sobre sus piernas.
Durante el embarazo, sus pantorrillas habían comenzado a hincharse ligeramente; en casa, las criadas solían masajearle las piernas a diario para aliviar la molestia.
Sin embargo, aquellos muchachos parecían tener unas manos prodigiosas: el masaje había sido tan relajante que i