Silvina había salido esta vez sin llevar consigo a su asistente, ni a nadie más.
Lo hizo precisamente para mantener en secreto sus movimientos.
No había imaginado que Leonel reaccionaría tan rápido, al punto de descubrir su ausencia en tan poco tiempo.
Ella había fingido estar enferma, usando el descanso médico como excusa, y Adela la había ayudado a mantener la apariencia de que seguía en casa.
Pero ahora que su asistente la había llamado…
ya no quedaba nada que ocultar.
—Lo siento, Ade