Los largos dedos de Leonel se detuvieron de golpe. Alzó su mirada, y una chispa fugaz cruzó por su rostro apuesto y peligrosamente encantador.
Esta mujer... su osadía crecía día tras día. ¿Cómo se atrevía a entrar sin permiso y sentarse frente a él a cenar?
Silvina tomó un bocado, alzó la vista y se topó de lleno con los ojos de Leonel.
De inmediato, cambió de cubiertos con actitud complaciente y, con una cuchara limpia, le acercó un poco de sopa a la boca.
¿Ella... quería darle de comer?
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