Capítulo 34 Yo te enseñaré

Los largos dedos de Leonel se detuvieron de golpe. Alzó su mirada, y una chispa fugaz cruzó por su rostro apuesto y peligrosamente encantador.

Esta mujer... su osadía crecía día tras día. ¿Cómo se atrevía a entrar sin permiso y sentarse frente a él a cenar?

Silvina tomó un bocado, alzó la vista y se topó de lleno con los ojos de Leonel.

De inmediato, cambió de cubiertos con actitud complaciente y, con una cuchara limpia, le acercó un poco de sopa a la boca.

¿Ella... quería darle de comer?

Una c
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