Cuando Silvina regresó al salón, vio a Leonel acercándose con su habitual aura imponente.
Leonel había estado buscándola por todo el lugar sin éxito. Ya sin opciones, se había visto obligado a llamarla por teléfono.
Verla desaparecer de su vista como un topo y luego aparecer de repente le hacía sentir que el corazón se le subía y bajaba sin control.
—¿Dónde te habías metido? —preguntó Leonel con el rabillo del ojo entrecerrado, haciendo que Silvina sintiera de inmediato un aumento de presión en