Tomás dudó un instante antes de hablar.
—Señor presidente... Alberto... ¿De verdad piensa traerlo de vuelta?
Su voz era cautelosa, casi temerosa.
—Su abuela le prometió que el derecho de sucesión del Familiar Muñoz nunca caería en manos ajenas. Pero si Alberto regresa… usted…
Leonel sonrió sin levantar la vista.
Sus dedos largos tomaron un dardo del plato de cristal sobre la mesa.
Sin siquiera apuntar, lo lanzó.
¡Paf! ¡Paf! ¡Paf!
Los tres dardos quedaron clavados justo en el centro del blanco.