El teléfono sonó pronto.
Era la Abuela Muñoz.
—Leonel —su voz, aunque firme, tenía un leve temblor—, la abuela quiere hablar contigo de un asunto importante.
—Dígame, abuela —respondió él con la misma serenidad de siempre, esa calma que nadie lograba alterar.
—Quiero traer de vuelta a Alberto… —dijo ella, titubeando un poco—.
Leonel, lo que te prometí lo cumpliré. Tú eres el heredero legítimo del Familiar Muñoz, y eso no cambiará jamás. Nadie puede amenazar tu posición.
Había en su tono una mez