La conversación entre Silvina y Santiago no tardó en llegar intacta a los oídos de Leonel.
Con una copa de vino en la mano, él permanecía de pie frente al ventanal, observando la oscuridad del mar, mientras una amarga sonrisa se dibujaba en sus labios.
"Silvina… Silvina…"
Tan sabia tú, tan necio yo.
Al final, comprendí que el más torpe de todos he sido yo.
Tú siempre pensabas en mí, siempre actuabas buscando protegerme… y yo, en cambio, solo pensaba en mis propios problemas, ignorando el peso q