Ante la repentina transformación de Liliana, Silvina y Camille no pudieron evitar sentirse asombradas.
¡Esa actuación! Si no se dedicaba al teatro, era un desperdicio.
El rostro de Liliana, ya de por sí delicado y conmovedor, ahora cubierto de lágrimas, parecía aún más lastimoso, como una flor bajo la lluvia, despertando una falsa compasión en los presentes.
Silvina, al ver cómo aumentaba la multitud de curiosos, quiso darse la vuelta para marcharse, pero Liliana se aferró de improviso a su fal