Cuando Leonel regresó a la mesa, percibió de inmediato que algo no estaba bien en el ánimo de Silvina.
—Silvina, ¿qué te pasa? —preguntó mientras tomaba con naturalidad sus dedos.
Pero en la mente de ella volvió la imagen de Liliana aferrándose a la cintura de Leonel… y de cómo él había acariciado su cabeza.
Asqueroso.
Los dedos de Silvina se crisparon y se retiraron con brusquedad de la mano de Leonel.
Los ojos de él se entrecerraron al instante.
Si en ese momento no entendía que algo iba mal