Las palabras cortantes de Silvina golpearon de lleno en el corazón de Leonel.
En el mismo instante en que las había pronunciado, él ya se había arrepentido.
Sabía que esas frases herirían a Silvina… pero nunca imaginó que la réplica de ella sería tan rápida, tan afilada.
Cada palabra fue como un cuchillo clavándose en lo más hondo de su pecho.
Amándose en silencio, y sin embargo, condenados a destrozarse mutuamente.
Tania, al ver sus rostros tensos, entre la furia y la palidez, solo pudo soltar