Resultaba que, cuando ella sonreía con esa alegría tan luminosa, era aún más hermosa que en cualquier fotografía.
La cámara jamás había capturado su verdadera belleza. Si él mismo le hubiese tomado esa foto...
Leonel se detuvo en seco al llegar a ese punto de su pensamiento.
Sus ojos se entrecerraron lentamente.
¿Qué demonios le pasaba?
¿Cómo podía tener pensamientos tan absurdos?
¿Él, pensando en tomarle fotos a Silvina?
¡Por favor! Ni siquiera Rosa, quien había sido la mujer más consentida po