En ese momento, en la habitación se escuchó un leve murmullo.
Silvina despertó.
Los tres que estaban afuera callaron de inmediato, como si hubieran pactado en silencio, y dejaron el tema.
Tania fue la primera en entrar. Apenas cruzó la puerta, vio a Silvina incorporarse en la cama con la mirada todavía perdida. Corrió hacia ella, apoyó suavemente las manos sobre sus hombros y le dijo:
—Tranquila, estás en la casa de la familia Martínez. Aquí podrás descansar unos días. Ya he pedido que los médi