Silvina y Tania llegaron al vestíbulo.
Al ver que todos aún las esperaban, Silvina mostró una expresión de disculpa:
—Perdón, pensé que ya se habían adelantado…
Camille sonrió con suavidad, como una brisa ligera:
—No pasa nada, así aprovechamos para tomar un poco de sol. Estar encerrada en casa todo el tiempo ya me está volviendo loca.
Camille y Tania eran dos extremos opuestos.
Una parecía un sauce delicado, la otra irradiaba sensualidad hasta el límite.
Aunque no se conocían demasiado, la nat