Quizás por lo agotador del día anterior y por todo lo que había pasado, cuando Silvina despertó ya era media mañana.
Apenas se incorporó, una criada entró para atenderla.
Silvina se sorprendió y preguntó:
—¿Cómo es que ustedes están aquí?
No era otra que una de las sirvientas de la casa familiar.
Ella sonrió y explicó:
—Señora Leonel, todas hemos venido. El señor ordenó que nos trasladáramos, porque quiere quedarse aquí una temporada y temía que usted no se sintiera cómoda con extraños. El mayo