Silvina levantó la cabeza de golpe y vio a un joven desconocido que la miraba con el rostro lleno de asombro.
—¿Señorita Susana?
Ah, seguramente la había confundido con otra persona.
Silvina negó con la cabeza y respondió:
—Se ha equivocado, soy Silvina.
Tras decir esto, se volvió hacia Ruperto y añadió:
—Ve a ocuparte de tus asuntos, yo iré a buscar a mi asistente.
Dicho esto, se levantó, asintió cortésmente al joven que seguía con expresión atónita y se dio la vuelta para marcharse.
En cuanto