Los ojos alargados de Leonel bajaron ligeramente, justo en el momento en que captó con claridad la melancolía reflejada en los ojos de Silvina.
No sabía por qué, pero una emoción extraña le cruzó el pecho fugazmente.
Mientras tanto, la señora Muñoz y la abuela Torres terminaron de acordar la fecha de la boda.
Debido a lo apresurado de la organización, ambas familias decidieron no hacer una ceremonia ostentosa, sino simplemente una comida familiar y un discreto ritual en una pequeña iglesia.
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