Leonel, al ver que Rosa se ofrecía a besarlo, dejó escapar una fría sonrisa en la comisura de sus labios y dijo:
—¡Vaya, sí que sabes calcular! ¿Me estabas esperando aquí? ¿Quién te dejó entrar?
Al sentir la indiferencia de Leonel, Rosa se esforzó aún más en besarlo.
Leonel extendió la mano y la apartó bruscamente de encima, poniéndose de pie con firmeza.
En ese momento alguien trajo un pijama, y Leonel se ató el cinturón rápidamente.
—De donde viniste, allí mismo te largas —dijo, y dio media v