Amanda respiró hondo antes de empujar la puerta de cristal que la separaba del salón principal. El sonido apagado de la música suave y de las voces elegantes la envolvió en cuanto cruzó el umbral. Luces doradas danzaban en el candelabro de cristal colgado sobre la gran mesa de comedor, y el aroma de los platos que aún se servían llenaba el aire. Todo estaba en su lugar. Todo impecable. Todo exactamente como se esperaba de una fiesta de los Montgomery.
Excepto ella.
Amanda caminó con pasos firme