El club nocturno era una profusión de luces neón, con reflectores azules y púrpuras cruzándose en el techo, un DJ al fondo ajustando ritmos sensuales y un murmullo constante de voces animadas. El aroma en el aire era una mezcla embriagadora de perfumes importados, tragos con frutas cítricas y deseo flotando entre las paredes espejadas.
En medio de aquella atmósfera vibrante, dos figuras llamaban la atención, no por cuerpos esculpidos ni escotes atrevidos, sino por la clase y la osadía que solo