El portón automático de la casa se deslizó hacia un lado con lentitud ceremonial, como si la propia mansión se estuviera preparando para presenciar algo que jamás olvidaría. La propiedad de los Montgomery se extendía imponente y silenciosa bajo la luz cálida de los reflectores empotrados en los pilares de piedra. Jardines perfectamente recortados, senderos de gravilla blanca y arbustos floridos bordeaban la corta alameda de piedra que llevaba a la entrada principal.
La camioneta oscura de Taylo