Lo Que No Se Detiene.
Un hombre nos mira durante cinco segundos exactos.
Los cuento.
Uno.
Dos.
Tres.
Cuatro.
Cinco.
Después se hace a un lado.
Sin decir nada más. Sin amenazar, sin exigir, sin dar ninguna de las respuestas que esperaba. Solo se corre del marco de la puerta como si siempre hubiera sido su intención dejarnos pasar y lo que pasó hace treinta segundos fuera una conversación normal a las dos de la madrugada.
Eso me asusta más que cualquier otra cosa que pudiera haber hecho.
Mi madre camina primero, yo la