Después del Límite.
La distancia entre nosotros no vuelve a ser lo que era.
No hay una ruptura clara, no hay un gesto que marque el final de lo que acaba de pasar, pero algo en el aire cambia de forma irreversible, como si la habitación hubiera absorbido el peso de ese beso y ahora lo devolviera en cada rincón, en cada silencio, en cada respiración que no logramos regular del todo.
Sigo debajo de él durante un segundo más de lo necesario.
No porque no pueda moverme, sino porque mi cuerpo tarda en obedecerme, como