Por un segundo creo que escuché mal.
—¿Qué?
Pero Alaric ya está dejando dinero sobre la mesa, ya está tomando las llaves, ya está pensando tres pasos por delante.
—Alaric.
—Vamos.
—Tal vez está en una reunión.
—No.
—Tal vez dejó el teléfono en silencio.
—No.
—Tal vez...
—Amara.
Su voz corta la mía, no es brusca, no es agresiva. Es peor, es segura y esa seguridad hace que el miedo empiece a instalarse en mi estómago porque Alaric no parece preocupado, parece convencido.
Y hay una diferencia enor