Es Oficial.
Entro al campus y lo primero que noto no es el ruido, sino su ausencia momentánea. No es un silencio real, sino una pausa breve, casi imperceptible, como si el espacio necesitara reajustarse a mi presencia antes de volver a funcionar con normalidad. Dura apenas un segundo, pero es suficiente para que lo registre con claridad incómoda.
Sigo caminando sin detenerme, con la espalda recta y los movimientos medidos, no por seguridad, sino por control. La ropa que llevo: corte perfecto, tela firme, e