El Cielo Gris.
La biblioteca empieza a vaciarse cerca de la una de la tarde, los estudiantes desaparecen hacia otras clases, los grupos de trabajo se dispersan. Las conversaciones se apagan una por una y cuando levanto la vista del portátil, solo quedamos Alaric y yo en nuestra mesa o casi.
Él regresa dos minutos después con dos cafés, como si hubiera calculado exactamente cuánto tardaría en terminar de hablar con Selene, como si siempre supiera dónde estar.
Deja uno frente a mí.
—Gracias.
—De nada.
—¿Nunca t