La habitación olía a perfume caro y a tensión contenida. Catalina, frente al armario, observaba las prendas colgadas con una mezcla de hastío y resignación.
Vestidos elegantes, telas que parecían deslizarse como agua entre sus dedos, colores suaves y sofisticados… nada de aquello la hacía sentir mejor. Sabía que debía lucir perfecta; Axel lo esperaba, y ella no soportaría darle motivos para volver a humillarla.
Suspiró, tomando un vestido negro de seda con corte en la cintura y un escote discre