Desde el Vip Imperial como se dominaba la sala entera como quien contempla un tablero de piezas en movimiento. Las luces estratégicamente colocadas barrían el salón en franjas de color; las columnas de humo de las máquinas para el efecto teatral se mezclaban con el perfume intenso y las notas graves de la música electrónica que ahora bajaba su ritmo, invitando a conversaciones más privadas. Bajo ellos, la alfombra roja, las mesas de cócteles y los grupos que conversaban formaban un mosaico de actitudes medidas y sonrisas calculadas.
Axel avanzó con la seguridad de quien no solo posee un lugar sino que lo manda. Catalina, a su lado, se mantuvo en silencio, tomando la dimensión del sitio con una mirada contenida; el vestido marfil parecía absorber y devolver la luz con discreción. Los asientos del Vio eran profundos, de cuero oscuro; un mueble bajo sostenía bebidas de etiqueta, botellas brillantes como trofeos, y un par de cubiteras con hielo que tintineaba como campanas pequeñas.
Axel