La noche continuaba. El salón Imperial era el tipo de lugar que marcaba la diferencia entre los hombres que se consideraban poderosos y aquellos que solo lo eran en su imaginación. Con sus altos techos ornamentados y candelabros que brillaban como estrellas, el lugar exudaba una sofisticación que ocultaba las sombras de las almas que lo habitaban esa noche. Axel Fort, en su elegancia impersonal, se deslizaba entre las mesas, definitivamente era el hombre que no necesitaba hacer ruido para que t