El club estaba lleno. La música vibraba en el suelo como un pulso, un latido que resonaba con los suyos. Se acercó a la barra, pidió otro vaso de alcohol. La primera sensación fue amarga, pero luego, con el segundo sorbo, vino la falsa calidez que tanto necesitaba.
Cerró los ojos por un momento, dejándose envolver por el sonido, por los cuerpos que se movían a su alrededor, por el eco de las risas que no le pertenecían.
Quizás si bailo un poco, podré olvidar.
Catalina dejó el vaso sobre la barr